CNT Ciudad Real convierte el Primero de Mayo en un recorrido de luchas compartidas
La manifestación anarcosindicalista recorrió el centro de Ciudad Real bajo el lema «¡Corre, compañera! Que el viejo mundo quede atrás», con paradas e intervenciones de colectivos pacifistas, feministas, antirracistas, de apoyo al pueblo palestino y de trabajadoras de escuelas infantiles.

La marcha tuvo una dinámica ya bien conocida en los Primeros de Mayo de Ciudad Real. Comenzó con la lectura del manifiesto confederal de CNT en la plaza de las Terreras, también conocida como plaza de Nuestra Señora de la Concepción, y recorrió el centro de la ciudad hasta la plaza del Pilar. Por el camino, se hicieron diversas paradas en las que tomaron la palabra colectivos sociales de base de la zona. Como novedad, la apertura incluyó una breve presentación de las distintas asociaciones invitadas.
La convocatoria reunió por momentos entre cien y doscientas personas. Durante el recorrido se escucharon consignas como «Primero de Mayo, revolucionario», «Gastos militares, para escuelas y hospitales», «Nos tocan a una, respondemos todas», «Nativa o extranjera, la misma clase obrera», «Palestina libre» o «La maestra luchando, también está enseñando». Ciudad Real conmemoraba así, un año más, el Día Internacional del Trabajo.
La pancarta principal, representando literalmente un «1 de Mayo» aboliendo las fronteras y su militarismo, abrió camino con el lema de la convocatoria. Tras ella se agruparon banderas rojinegras de CNT, banderas y pañuelos palestinos, camisetas de distintas mareas y luchas, carteles contra la guerra y pancartas de diferentes colectivos. La imagen de la manifestación fue la de una marcha modesta en número, pero reconocible por su composición y su entrega: no una cabecera institucional ni un desfile de siglas, sino una confluencia de militancias locales y de a pie, personas veteranas, activistas jóvenes, colectivos feministas, pacifistas, antirracistas, trabajadoras en conflicto y vecinas que se acercaron a acompañar.
En suma, no fue solo una manifestación sindical entre dos plazas. Fue un itinerario socio-político por distintas causas ciudadanas de plena actualidad: antimilitarismo, feminismo, antirracismo, Palestina, escuela infantil, sanidad, intervención social y represión sindical. CNT consolidaba así el Primero de Mayo no solo como una jornada de memoria colectiva y conflicto social, sino también como una alianza entre quienes se niegan a aceptar que la explotación laboral pueda separarse del racismo, del patriarcado, del imperialismo, de la privatización de los cuidados o de la violencia contra los pueblos.
«No hay reforma suficiente»
El manifiesto confederal de CNT situó el Primero de Mayo lejos de la nostalgia. La organización defendió que la jornada no respondía a un ritual, sino a una situación presente en la que «el trabajo sigue siendo explotación» y «la dignidad aún se negocia en mercados» que la población no elige.
El texto fue explícito en su diagnóstico: «No hay reforma suficiente dentro de este sistema». Frente a ello, CNT reivindicó la rebeldía como herramienta de cambio real: «Desobedecer es organizarnos sin amos, construir sin permisos y resistir sin miedo».
Desde ese punto de partida, el anarcosindicalismo apareció no como una referencia histórica congelada, sino como una práctica concreta y cotidiana: apoyo mutuo, acción directa, huelgas, cooperativas, organización desde abajo y resistencia constante. Esta idea atravesó toda la jornada: los derechos no se conceden desde arriba, sino que se conquistan y se defienden mediante la continua organización colectiva. Allí donde el trabajo se precariza, donde los cuidados se invisibilizan, donde la guerra se normaliza o donde la represión intenta disciplinar a quienes luchan, la respuesta pasa por la autogestión.
«La guerra no es un accidente»
Pacifistas Ciudad Real hizo la primera parada en la plaza de la Constitución, frente a la oficina de Correos. Su presencia recordó que la guerra no es un accidente inevitable ni una fatalidad abstracta, sino una forma de violencia organizada, fabricada y sostenida por intereses económicos, geopolíticos e industriales.
El colectivo denunció que las guerras se preparan a lo largo del tiempo mediante el consentimiento manufacturado de los gobiernos, fabricando enemigos con discursos retóricos institucionales, armando conflictos y presentando después cada agresión como defensa de la paz. También señaló el papel de la industria militar, del gasto público destinado a armamento y de la economía de guerra.
Frente a esa lógica, Pacifistas defendió otra idea de paz: una basada en la justicia social, la solidaridad entre pueblos, la objeción al gasto militar y la acción colectiva noviolenta.


«Cuidar también es trabajar»
Feministas de Pueblo y Mujeres de la Plaza del Pilar llevaron al recorrido una lectura feminista del trabajo en la segunda parada, frente al cruce de calle Paloma con calle Calatrava. Su manifiesto denunció que el modelo productivo actual no solo precariza, sino que también enferma.
«No hay justicia laboral sin justicia de género», afirmaron, reclamando un sindicalismo capaz de representar también a quienes han sido expulsadas de las estructuras laborales más visibles: trabajadoras del hogar, mujeres sin contrato, cuidadoras no remuneradas, jóvenes precarizadas, temporeras, migrantes sin papeles o mujeres internas en casas particulares. Se ponía así en valor a quienes sostienen la vida desde trabajos a menudo feminizados, mal pagados o directamente no reconocidos.
El texto insistió en que los cuidados no pueden seguir siendo tratados como una mercancía. «Porque cuidar también es trabajar», recordaron. Y añadieron otra idea central: «El tiempo no puede seguir siendo un privilegio, debe ser un derecho». La intervención conectó así la lucha obrera con la conciliación entre la vida laboral y la personal. Porque la salud mental, la brecha salarial, la violencia laboral encubierta y el derecho a una vida digna no puede subordinarse a las necesidades del mercado.




«Aquí no sobra nadie»
Ciudad Real Contra el Racismo hizo la tercera parada ante la Delegación Provincial de la Junta de Castilla-La Mancha. Su mensaje fue breve y contundente: «Aquí no sobra nadie que trabaje, cuide, limpie, sane o enseñe».
El colectivo denunció que las personas migrantes y racializadas son explotadas por su origen, discriminadas por su piel y criminalizadas por las fronteras. Reclamó la regularización ya, el fin de redadas y listas negras, y el derecho a vivienda, salud y trabajo digno sin que la nacionalidad actúe como filtro.
«Nacer en un sitio u otro es una casualidad», recordaron. Por eso la consigna «Nativa o extranjera, la misma clase obrera» no apareció como un lema añadido, sino como una tesis central de la manifestación: el antirracismo es también una cuestión obrera. «Sin nosotros no hay 1 de Mayo».






«El derecho a la vida no se respeta»
De la mano del Grupo de Apoyo al Pueblo Palestino de Ciudad Real, la causa palestina ocupó un lugar destacado en la cuarta parada, frente al Ayuntamiento, tras rodear la plaza Mayor. Para CNT Ciudad Real, Palestina no es un añadido externo al Primero de Mayo, sino una cuestión central de internacionalismo, antimilitarismo y solidaridad entre pueblos.
El colectivo comenzó denunciando el ataque a la Flotilla de la Libertad y la detención de sus integrantes en aguas internacionales. Después situó la cuestión de fondo: en un día dedicado a los derechos laborales, hay pueblos a los que se les niega incluso el derecho más básico. «Derechos tan esenciales como el derecho a la vida […] no se respetan», señalaron.
La intervención denunció el genocidio en Gaza, la ocupación de Palestina, las matanzas en Líbano y Cisjordania y la complicidad internacional. Frente a la reducción de las víctimas a cifras, el colectivo recordó que «son datos sin rostros, pero detrás de cada frío número hay una vida, una esperanza sin cumplir, un drama familiar». También reclamó el cese del genocidio, sanciones y aislamiento a Israel, el cumplimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación y la protección de la flotilla humanitaria.
Los pañuelos y banderas palestinas y la pancarta con una flor rompiendo un fusil dieron cuerpo visual a esa denuncia. Palestina apareció así integrada en una misma lectura de la explotación, la guerra, el colonialismo y la resistencia popular.





«Nos llaman esenciales para robarnos el derecho a la huelga»
La Plataforma de Escuelas Infantiles de Ciudad Real, integrada en la marea amarilla del 0-3, llevó al escenario final de la plaza del Pilar una reivindicación laboral muy concreta.
Su manifiesto denunció la contradicción de ser consideradas esenciales para impedir el cierre de los centros durante una huelga, pero invisibles cuando se reclaman recursos, ratios dignas, apoyos a la inclusión y mejores condiciones laborales. «Nos llaman esenciales para robarnos el derecho a la huelga», denunciaron.
La intervención puso ejemplos cotidianos de esa precariedad: una educadora sola ante ratios imposibles, falta de apoyos para niñas y niños con necesidades educativas especiales, agotamiento físico y emocional, y una administración que habla de calidad mientras niega los medios necesarios.
«No somos un parking, somos educadoras», afirmaron. Y añadieron una frase que resume el fondo del conflicto: «Cuando no llegamos, no fallamos nosotras: falla el sistema». La marea amarilla recordó que la educación infantil no puede sostenerse sobre vocación, bajos salarios y sobrecarga.


«No somos mercancía. Somos la raíz»
CNT cerró el acto con tres mítines.
En el primero de ellos, Rosa, trabajadora de intervención social, puso el foco en una práctica extendida tanto en el sector público como en el privado: contratar en categorías inferiores mientras se exigen funciones superiores. «Esto no es un error del sistema, es una práctica consciente para abaratar costes a costa de nuestra dignidad», denunció.
El manifiesto rechazó la idea de que la precariedad sea inevitable o de que las personas trabajadoras puedan reducirse a cifras de productividad. «No somos números. No somos mercancía», se afirmó. Frente a quienes creen manejar derechos, tiempos y salarios desde arriba, CNT recordó que el poder real está en la base: «Somos la raíz».
«La saturación en sanidad nos afecta a todos»
En la segunda intervención de cierre se leyó un texto de Laura, radióloga. Partió de una experiencia común: pedir citas que nunca llegan en el centro de salud, esperar durante horas en urgencias y, en esencia, sufrir la saturación de un sistema que cada vez sobrecarga más a sus profesionales, desplazando la atención médica al negocio de la privada. «La saturación en sanidad nos afecta a todos», se señaló.
Pero la intervención no se limitó a denunciar el deterioro del servicio. También llamó a apoyar a quienes lo sostienen: personal sanitario que trabaja con categorías inferiores, guardias extenuantes, agresiones, falta de recursos y funciones que no se corresponden con su reconocimiento profesional.
El mensaje fue claro: defender la sanidad pública no consiste solo en quejarse cuando falta una cita. También implica reclamar más personal, rechazar derivaciones innecesarias a la privada y apoyar las huelgas y reivindicaciones de quienes trabajan en hospitales, centros de salud y residencias. «Nadie quiere vivir en su trabajo y menos cuando está en juego la vida de personas», resumía el manifiesto.
«Peligroso es vivir día a día en Palestina»
En el tercer y último mitin de CNT se llamaba a cuestionar las palabras de Trump sobre el supuesto peligro de ser presidente de Estados Unidos. «Peligroso es vivir día a día en Palestina, Irán, Líbano, Sudán, Ucrania, Sahara… algunos sitios donde España interviene activamente con ventas de armas», denunciaba el texto.
Peligroso es también el aumento del gasto militar, la especulación de las petroleras, enfrentarse a la precariedad laboral en España, especialmente siendo joven o población migrante pobre, y sufrir la polarización social y los estragos para la salud mental derivados de toda esta situación, insistió la intervención.
Peligrosa es, además, la actividad de quienes se organizan. En ese punto se recordó el caso de Las Seis de La Suiza, ejemplo de represión contra el sindicalismo combativo. «Entraron en prisión. Pero no lo hicieron solas», se matizó. El texto subrayó que detrás de ellas hubo una organización, la CNT, y «cientos de miles de personas que llenaron las calles, sostuvieron cajas de resistencia, difundieron el caso y señalaron la injusticia». El indulto fue leído en esa clave: «No es un gesto de generosidad del poder. Es el resultado directo de la lucha, la fuerza colectiva de la clase trabajadora organizada».
La intervención cerró con esa tesis anarcosindicalista: «Sin organización no hay defensa. Porque ningún derecho se ha conquistado sin lucha». Frente a los intereses de gobiernos, tecnológicas, oligarquías y patronal, CNT volvió a defender la acción directa, el apoyo mutuo y la solidaridad como herramientas de la clase trabajadora.
Cierre
Como viene siendo habitual, la jornada terminó en la plaza del Pilar con un concierto de De Pitarra Ska, que puso el cierre musical y festivo a la manifestación sin perder su corte reivindicativo, con canciones como “Hoy mirando, mañana llorando”. Junto al espacio de cierre hubo también un puesto de venta de libros de la Fundación Anselmo Lorenzo, entidad de la que CNT Ciudad Real es distribuidora, reforzando así el vínculo entre cultura libertaria, memoria obrera y actividad sindical.
Tras la recogida del material, la jornada continuó en el local del sindicato con una comida de traje, en la que afiliación, simpatizantes y personas participantes compartieron conversación, comida y balance informal de la manifestación.
Balance de los colectivos
Las valoraciones posteriores de los colectivos participantes fueron positivas. Pacifistas Ciudad Real destacó que el formato de la manifestación es participativo y bien conocido. Mujeres de la Plaza del Pilar declaró: «Fuimos pocos pero apasionadas». Ciudad Real Contra el Racismo trasladó también la sensación de que la manifestación se vivió con emoción. Feministas de Pueblo valoró el trabajo de coordinación y organización, incluyendo a colectivos vinculados a conflictos actuales, y haciendo una breve presentación de cada uno. El Grupo de Apoyo al Pueblo Palestino de Ciudad Real agradeció a CNT su presencia constante junto a las luchas sociales de la ciudad.
La manifestación tuvo además eco en la prensa provincial, incluyendo dos reportajes fotográficos: fue recogida por Mi Ciudad Real, Lanza, CLM24 y La Tribuna de Ciudad Real. Además, CNT Ciudad Real recopiló en su web la campaña de propaganda “Estamos” del Primero de Mayo, con diseños de Of The Riot, que fue calentando motores en redes sociales a lo largo de abril. Con el presente reportaje recopilamos finalmente las fotografías y grabaciones de las intervenciones y del recorrido, así como sus textos.
Por la confederación de luchas
La manifestación de CNT Ciudad Real no fue masiva. Su sentido estuvo en otro lugar: ocupar la calle, enlazar conflictos y recordar que la clase trabajadora no es una abstracción.
En el recorrido aparecieron trabajadoras de escuelas infantiles, colectivos feministas, activistas antirracistas, pacifistas, militantes por Palestina y afiliación anarcosindicalista. Cada intervención añadió una capa al mismo mensaje: precariedad, guerra, racismo, cuidados y represión sindical forman parte de una misma realidad social.
El Primero de Mayo sirvió así como punto de encuentro. En una ciudad donde muchas luchas tienen poco espacio mediático, la manifestación funcionó como altavoz común.
CNT cerró la jornada con su reivindicación central: solidaridad, organización y lucha. Allí donde haya explotación, habrá resistencia.





